Definiendo la autogestión como herramienta de construcción de alternativas

Publicado en la sección de economía del periódico CNT

El concepto de autogestión es reclamado por multitudes de movimientos e ideologías, lo que vacía su contenido, como ocurre con la palabra democracia y otras palabras recuperadas por la ideología dominante.

Es esa una de las razones de este artículo: centrar el debate desde premisas transformadoras. Vamos a tratar de entender el significado del mismo. Tomando la palabra en inglés, self-management o, más precisamente workers self-management, la definición es más concisa desde el punto de vista de la definición: centra la toma de decisiones en las personas afectadas. Es tan sencillo como esto, y esta es la razón de que el concepto de autogestión sea tan amplio, que abarque múltiples áreas haciendo que aún siendo la misma palabra tenga diferente significado según la persona que la cite. Ocurre algo similar con la palabra socialismo.

Entonces, cuando hablamos de autogestión… ¿qué nos viene a la mente? ¿Qué imagen? Autogestión y… salud. Cuerpo. Pueblo. Economía. Barrio. Clase. Enseñanza. Relaciones. Trabajo. Política. Sociedad… En cada una de ellas nos viene una imagen diferente. Por eso es importante cuando hablamos de autogestión, definir sobre qué estamos hablando.

Si tomamos el enfoque de herramienta de construcción de alternativas, debemos definir ante qué queremos construir esa alternativa. Y aquí hablamos de capitalismo.

1. Sobre capitalismo.

No es la intención de este artículo buscar una definición extensa del mismo; utilizaremos una incompleta, pero útil para nuestro objetivo. En breves líneas, si hablamos de la toma de decisiones, es la propiedad la que decide y manda. La democracia queda limitada en el apartado político (si es que se puede considerar que haya), pero no en la toma de empresas, no en la economía. Como decían en los setenta, la democracia acaba a la puerta de las fábricas.

Es la mercantilización de las relaciones las que marcan las pautas de producción y consumo, con su extensión al resto de ámbitos de la vida. Todo termina por pasar por caja, y es el que tiene el que decide, se es demanda si se tiene capacidad adquisitiva (gente dispuesta y con capacidad de pagar). Si no se tiene, no existe.

En el capitalismo, además de extraer plusvalía de la mano de obra, a la clase obrera también se le priva de decidir sobre aquello que les afecta, estando obligado a obedecer. Jerarquía, obedecer, no toma de decisiones, ejecutar… estamos hablando de una de las claves del capitalismo. ¿En qué ámbitos se da también este tipo de relaciones? A parte de esto, este tipo de relaciones laborales ¿siempre es así? ¿Qué ocurre con los círculos de calidad y los equipos departamentales autogestionados? La clave está en la motivación.

Al sistema no le es suficiente, y para aumentar esa plusvalía se han utilizado todas las vías posibles. Y una de ellas es la motivación, en los que uno de los elementos clave es la toma de decisiones. En el fondo es una aceptación parcial de un principio organizativo, sin asumir todas las consecuencias, con el objetivo de disminuir la conflictividad y absentismo, pero no para reconocer el derecho a controlar el trabajo por parte de las personas afectadas. Sólo podemos ver esto como pequeñas conquistas en las que no se pueden discutir la orientación general de la empresa. Concluyendo este apartado, la autogestión tiene desarrollos amplios. Ya hemos visto como desde el mismo sistema se apropia del concepto en su propio interés.

2. Las bases.

Hay mucha literatura al respecto, por lo que en las siguientes líneas se va a esbozar unas directrices simplificadas de lo que podemos definir como autogestión. Podríamos incluir más elementos, pero estos ya son una simplificación bastante centrada.

La autogestión es un medio. Es una forma organizativa que facilita desarrollar plenamente las capacidades, y ser protagonistas y dueños de nuestra propia vida.

Implica someter a discusión no solamente cómo (se produce), sino también el qué. Poner sobre la mesa las necesidades individuales y las colectivas, someter a discusión cuáles son las necesidades. Esto implica conflicto.

El principio organizativo básico es la participación efectiva y constante de las personas implicadas. Ha de ser real y exige mecanismos de transparencia y toma de decisiones, evitando la discusión/división entre técnicos y el resto de la gente.

Se puede empezar a aplicar desde lo pequeño. Es complejo, pero hay formas de organizar la economía (y sociedad) en base autogestionaria: modelos federales y confederales, reforzando lo local como parte clave a la hora de tomar decisiones.

En un sistema funcionando bajo estos principios, las personas delegadas son más mandatarias que representantes, con una capacidad de decisión mínima, a no ser que la asamblea (o el foro donde se toman las decisiones) diga otra cosa, existiendo la obligatoriedad de rendir cuentas en público.

La clave está en la toma de decisiones en asamblea, entendida esta como herramienta, sin confundir con el asamblerarismo, posibilitando un espacio donde la gente pueda tomar sus propias decisiones.

La socialización de los conocimientos de los expertos e ir minorando el control de estos últimos es otro de los puntos fuertes, ya que la idea es que nadie sea imprescindible en un proyecto.

Para finalizar, la autogestión debe afectar a todos los ámbitos de la vida humana, logrando la configuración democrática de la vida social, y no sólo económica. Esto nos lleva a plantear cuestiones como si cabe autogestión dentro del patriarcado, por ejemplo.

3. Resistencias y miedos.

No existe nada perfecto, en todo hay dificultades. Las críticas son variadas, pero eso no quita la validez de las propuestas en clave autogestionarias. Las más habituales suelen ser las siguientes:

Es poco eficaz y muy lento. La cuestión es si es negativo per se ser “lento” en la toma de decisiones; esa supuesta lentitud no tiene por qué ser así, dependiendo de cómo se organice la toma de decisiones.

Es irrealizable. La práctica dice que no. Aquí tenemos el ejemplo del cooperativismo, que no es perfecto, pero funciona. Si hablamos de presupuestos participativos, municipios autogestionados… siempre han existido, hasta en épocas previas al capitalismo.

No hay intereses en participar. En el caso de los movimientos sociales y políticos, sindicalismo, asociacionismo… ¿de dónde procede el absentismo? No es por la autogestión, sino que ejercer la libertad en el contexto actual es algo a lo que no estamos habituados: no se nace ni participando ni obedeciendo, eso se aprende.

No es un modelo organizativo rentable. Si atendemos al mundo económico, está en boga aplicar varios principios de la autogestión precisamente por eso, porque les puede aumentar los beneficios. Si nos centramos en la estructura de toma de decisiones, lo que falla no es el modelo, sino cómo lo ponemos en marcha.

Es frágil y complejo. Sí, como todo modelo, sólo se puede fortalecer trabajándolo, es una apuesta.

Concluyendo este punto, se puede observar la potencialidad de la autogestión como herramienta trasformadora. ¿Qué puede aportar a los movimientos sociopolíticos que buscan una alternativa al sistema económico y social vigente? Esto es algo que debemos responder entre todos y todas.

4. Prácticas.

Las prácticas son incontables, y se pueden estructurar por niveles: proyectos más micro y proyectos transformadores.

En los casos del segundo tipo, situaríamos las prácticas de la Comuna de París, los Soviets, los Consejos Obreros del Bienio Rojo, la Revolución de 1936-1939, la autogestión en Yugoslavia, Mayo del ’68 y la ocupación y recuperación de empresas… En este artículo nos vamos a centrar en los primeros, analizando el auzolana, ocupación y cooperativismo de manera breve.

El auzolana en Euskal Herria, l’andecha en Asturias, es un reflejo de la autoorganización popular. Es una puesta en común de cosas que hacer y llevarlas a cabo mediante apoyo mutuo, institución que a día de hoy sigue manteniéndose en los medios rurales. Tiene un fuerte componente autogestionario ya que organiza múltiples facetas del ámbito municipal sin la participación de la administración, satisfaciendo necesidades básicas de las personas a través del desarrollo comunitario.

La ocupación es otro término como la autogestión, tiene múltiples lecturas; aquí estaríamos hablando de la recuperación del espacio público sacándolo del mercado, cediendo ese espacio a proyectos que pueden tener base autoorganizativa, etc.… Lo que realmente realza su potencialidad trasformadora es el jaque que puede hacer al sistema de propiedad capitalista, siendo esto una de las bases del capitalismo. En el fondo, si es trasformador o no, depende del objetivo que tenga y de los medios que se utilicen.

El cooperativismo es otro de los grandes en discordia. Estando su origen ligado al movimiento obrero y el sindicalismo, las críticas que se le han hecho desde el mismo movimiento han sido innumerables. Lo que no hay que perder de vista es que sólo es un medio para recuperar la economía, ni más ni menos. Las grandes cuestiones vienen dadas por la relación con el mercado que ha de tener una cooperativa, donde el ejemplo más claro lo tenemos con el Grupo Mondragón, en la que varias de sus cooperativas están actualmente en crisis.

5. Breves conclusiones.

Una labor interesante se encuentra en analizar diferentes casos y ver la potencialidad autogestionaria, para extraer lecturas y tenerlas en cuenta en la mejora de los proyectos actuales y futuros. Ya que como decían, el camino solo se hace andando y errando… y cuando hablamos de alternativas, más aún.

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Endika Alabort Amundarain -ri buruz

Endika naiz, eta ekonomian lizentziatu naizenetik, ogibide ezberdinak izan ditut, beti hezkuntza eta ekonomia arloen inguruan. Autogestioa/autoeraketa, enpresen berreskurapena, hauetan partehartzea eta alternatiba ekonomikoetan interesaturik, gizarte ekonomian, globalizazioa eta enpresa kooperatibetan aditua naiz.
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